La sensación de a pie

Una serie de circunstancias fortuitas fueron confluyendo para que hoy nos llamemos piraña: un club en las entrañas de parque patricios donde cantamos nuestras historias por primera vez, canciones que se fueron contruyendo y sucediendo con sonidos urdidos por el tiempo, con barullo y relucientes de polvo; sonidos compartidos con luz de inocencia y emoción, con el piano sonoro de la abuela en el recuerdo presente y el atrevido acordeón de un tano por abuelo; sonidos de patios hechos de necesidad y curiosidad, sonidos que reconocemos y elegimos, alejados de los transitados caminos que impone el presente... y de vuelta al club y allí el aroma a vecindad, la sensación de a pie, el corazón plebeyo que selló las mejores tradiciones porteñas y donde están el cielo y el infierno argentinos: Gardel y sus guitarras, la vieja, eldiego y la merluza, evita, la runfla, la pasión y los amores, donde cada barrio es todos los barrios, donde un sueño dura una noche, donde un sueño dura una vida...